El Orquestín Cusqueño
Mi primer vistazo al Sur

Mi infancia se remonta a una vieja casona de la calle Nueva Alta. En nuestra casa teníamos una ventana desde donde se veía todo el valle del Cusco cubriendo su vista horizontal hasta la parte sur coronada del Nevado del Ausangate. Sentada en esa ventana grababa en mi memoria una geografía que jamás he de olvidar, los cerros circundantes me obligaban a saltar imaginariamente a las alturas y abrir mi mente al extenso Quispicanchis. Paralelamente mis oídos viajaban al compás de una emisora en la que ponían huaynos cusqueños.

Las radios cusqueñas que en aquellos años eran pocas, tenían como boom musical al Orquestín Cusqueño. Sus intérpretes provenían de Cangalli, Checacupe, Quiquijana, Cusipata, Tinta, Lloqllora, Canchis: el gran sur.

La Música de Orquestín para Mí contenía algo especial, guardaba entre sus notas un espíritu de mestizaje, quizá por eso mi identificación personal con ella. Porque resume en sus melodías un proceso que viene desde Tupac Amaru, tiene en su esencia un ánimo rebelde que obliga a bailar a quien la oye.
Aun me parece inverosímil, que tanta haya sido la lejanía geográfica que me separaba de esos ritmos y la cercanía que me ofrecía un aparato tan simple como la radio. Todo ello sintetizado en la ventana de aquella casona vieja. Pienso que fue un agujero en el espacio, donde no existían el tiempo ni el espacio. Todo en el mismo lugar despertó Mi interés por descubrir la Música Andina.

Las radios de aquella época, terminaban su programación cuando se iba el sol, a eso de las seis o siete de la noche. Recuerdo a una emisora que ponía discos interminables a esa hora.

Música de todos los Grupos de Orquestines donde la Vocalista imitaba a un ave, porque su voz era tan aguda como el Violín y la Quena que la acompañaban. Además de la Mandolina, de sonido elegante y rasgueos finos junto a al Arpa afinada por la sirena tallada en su cuerpo, elegancia de bajos y agudos. Todos al compás rítmico de un jazz band o batería, conformada por un tambor, un bombo y una campana que le daba sutiles toques de sabor cholo. El Orquestín tiene influencia del swing (un estilo de jazz eminentemente orquestal) que andaba de moda por aquella época. Conjuncionando todos estos ingredientes, el resultado musical era/es impresionante y colorido, una singularidad compleja.

Musicalmente me perdí del Orquestín, por el normal proceso de “evolución y socialización” al que somos sometidos gracias a los medios de comunicación, con supuestos y efímeros éxitos llegue a disfrutar de un meneíto y de una lambada y podría hoy mismo bailar mecánicamente un tema gasolinero.

Pero fue una casualidad, que viajara hace unos años a Paucartambo para ver el despliegue fantástico de las danzas. Mas allá y más cerca de la misma esencia, desfilando tras la mayoría de las comparsas, me encontré nuevamente con el Orquestín, esta vez en vivo y en directo no tenia excusa para cambiar de emisora sino entregarme completamente a ese ritmo que mi memoria infantil había guardado tan bien intuyendo su gigantesco cuerpo. Esta vez con un oído maduro, palpaba concientemente su belleza musical que presenta a los oídos una gama de sonidos profundos.

Actualmente, los Orquestines siguen siendo originarios de la zona de Quispicanchis. Siendo fundamentales dentro de las fiestas patronales en todo Cusco. El sonido del Orquestín es sutil y delicado, pero a la vez telúrico y penetrante.

En la actualidad, sus integrantes instrumentales han sido reemplazados en un afán de supervivencia sonora, por uno o dos acordeones, trompetas y otros que la creatividad permita, para que suenen más fuertes. Finalmente, los Orquestines se transformaron en grupos electrónicos que usan guitarras, bajos, sintetizadores y baterías eléctricas.

El Orquestín esta muriendo. Los interpretes, mayores de cincuenta años en su gran mayoría son todavía los rezagos de aquel boom que puso de moda esta música en los anos 70’s. Algunos jóvenes que tocan por herencia son inconcientes de su valor y asumen posturas de prejuicio hacia ellas, tocándola obligadamente y sin gusto. El Orquestín esta muriendo por falta de intérpretes, por falta de conciencia y conocimiento real.

Su sonido, me conmueve todavía y despierta paisajes interiores al descubrir sus detalles. Imagino un Cusco señorial y elegante que me invita a disfrutar de su gracia. Yo, no puedo rechazar su invitación. Me dejo llevar de la mano y la bailo incansablemente.

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